miércoles, 9 de marzo de 2011

LECTURAS DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA CICLO A 13 DE MARZO 2011

Asistimos al drama del pecado original que trae como consecuencia la muerte, pero San Pablo nos enseña que el Nuevo Adán: Jesucristo Nuestro Señor, vino para rescatarnos de esa muerte y el mismo Jesús nos lo muestra en el Evangelio al vencer las tentaciones del enemigo.

Primera Lectura




Lectura del libro del Génesis (2, 7-9; 3, 1-7)

Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en las narices un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
La serpiente, que era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios, dijo a la mujer: “¿Conque Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”

La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol que está en el centro del jardín, dijo Dios: ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir ”.
La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán.Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”.

La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, el cual también comió.

Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.


Salmo Responsorial 

Salmo 50



Misericordia, Señor, hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.

Misericordia, Señor, hemos pecado.



Segunda Lectura


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (5, 12-19)


Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.

Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación, pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucha mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia sobre abundante que los hace justos.

En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida.

Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.


Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.


Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.




No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio



† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (4, 1-11)


Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió:




“Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo:

“Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: 


“También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo:


“Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó:
“Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.


Palabra del Señor.


Gloria a ti, Señor Jesús.

lunes, 7 de marzo de 2011

LECTURAS DEL MIERCOLES DE CENIZA 9 DE MARZO DE 2011





Hermanos con el Miércoles de Ceniza iniciamos el camino de la Cuaresma para prepararnos a vivir el Misterio Pascual de Nuestro Señor Jesucristo. Aprovechemos este tiempo de Ayuno, penitencia, oración y práctica de las Obras de Misericordia. 


Al recibir la ceniza recordemos nuestro origen humilde: "Polvo eres y en polvo te convertirás" e iniciemos el camino de Salvación haciendo una realidad en nosotros las palabras de Jesús: " Arrepiéntete y cree en el Evangelio"







Primera Lectura





Lectura del libro del profeta Joel (2, 12-18)

Esto dice el Señor:

“Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos.

Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la desgracia. Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una bendición, que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno, convoquen la 
asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho. Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada.

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del 
Señor, diciendo:

‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo. No entregues tu heredad a la burla de las naciones. Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?" 

Y el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su 
pueblo.


Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.





Salmo Responsorial 


Salmo 50



Misericordia, Señor, hemos pecado.



Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida 
mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis 
pecados.

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. 
Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era 
malo.

Misericordia, Señor, hemos pecado.


Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir 
tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo 
espíritu.

Misericordia, Señor, hemos pecado.

Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma 
generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu 
alabanza.

Misericordia, Señor, hemos pecado.


Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5, 20—6, 2)


Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí.

Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de 
la salvación.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.



Aclamación antes del Evangelio


Honor y gloria a ti, Señor Jesús.




Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan 
su corazón”.

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.



Evangelio


† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (6, 1-6. 16-18)

Gloria a ti, Señor.



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no 
practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.


Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.


Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.


Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.


Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.


Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”.


Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.