domingo, 10 de abril de 2011

EVANGELIO DEL LUNES QUINTO DE CUARESMA 11 DE ABRIL

"EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA"





Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 8, 1-11


En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y Él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a Él, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?".

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: "Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra". Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a Él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están los que te  acusaban? ¿Nadie te ha condenado?". Ella le contestó: "Nadie, Señor". Y Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

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sábado, 9 de abril de 2011

DOMINGO V DE CUARESMA LA RESURRECCION DE LAZARO.

"EL QUE CREE EN MI AUNQUE HAYA MUERTO VIVIRA"



Este quinto domingo de Cuaresma la liturgia nos presenta en el Evangelio la narración de San Juan del último signo o milagro de Nuestro Señor: la resurrección de su amigo Lazaro de Betania.

De hecho las tres lecturas de la Palabra de Dios nos hablan de Vida nueva, de volver a vivir, así en la primera lectura del profeta Ezequiel escuchamos que el Señor abrirá los sepulcros e infundirá su Espíritu a su Pueblo y vivirá.

San Pablo a los Romanos les habla de vivir conforme al Espíritu de Cristo para poder alcanzar la vida eterna.

Y en  la narración de la Resurrección de Lazaro Cristo manifiesta que el mismo es la Resurrección y la Vida y que es necesario creer en él para poder resucitar.

Vivimos en este mundo actual en medio de lo que describía el Papa Juan Pablo II como la " cultura de la muerte ". Vemos por todas partes asesinatos, crímenes, ejecuciones, guerras, abortos. Aparecen ideologías como subculturas en las que la muerte es el centro, Darketos, Emos, etc, y en los medios se difunde la violencia y la muerte, las películas nos hablan de oscuridad y muerte también y así podríamos seguir con muchos ejemplos que permean las mentes de todos principalmente niños y jóvenes como si la muerte fuera un ideal en sí mismo, incluso se le da culto a la muerte abiertamente.


Cristo vino a salvarnos, salvarnos precisamente de la muerte y de la muerte eterna, así pues la muerte es enemigo a vencer y de hecho Cristo la venció con su Resurrección y nosotros, aunque tenemos que morir irremediablemente, la muerte corporal no es la muerte definitiva si vivimos con el Espíritu de Cristo que es la vida del Amor, Amor que proviene del mismo Dios, un amor de entrega total, un amor que vivifica, no con cualquier vida sino con la Vida Eterna.



Cuando le avisan a Nuestro Señor que Lazaro estaba enfermo exclamó: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella". y cuando después de un retraso deliberado por parte de Jesús les dice a los discípulos: "Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo". Y después abiertamente les dice que ya murió y entonces se pone en camino hacia Betania.






Jesús compara la muerte corporal con el dormir, y así es un dormir para ser despertados por Cristo a la Vida verdadera, no es sólo una comparación o metáfora, nuestra vida toda en la tierra es como un sueño que culmina y termina cuando morimos y pasamos a la vida eterna, por eso es tan importante que creamos en Cristo, como le pide Nuestro Señor a Martha y a María: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?"


Entonces la clave para tener la vida eterna es creer en Jesucristo, " el que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá", y no es sólo un creer como lo hacemos con nuestrso conceptos occidentales es un creer que se traduce en adhesión o dicho de otra manera en unirnos a Cristo en su pensar, en su querer, en su actuar, vivir como Cristo y recibir su Espíritu Santo que nos va tranformando en Cristo mismo y así tenemos su misma Vida Divina, la Vida que nos vino a traer con abundancia.


La resurrección de Lazaro nos hace reflexionar en nuestra propia muerte, y al mismo tiempo en el poder de Dios que puede dar la vida de nuevo, por eso Jesús dice que este hecho le daría Gloria a Dios, porque nos hace ponernos en la perspectiva del Todopoderoso frente a nuestra fragilidad mortal y precisamente por esta fragilidad humana cristo con su Muerte y Resurrección nos lleva de la muerte a la Vida como dice san Pablo.

Entonces vivamos como dice san Pablo con el Espíritu de Cristo que vivifica y que a lo largo de nuestra vida nos va forjando para la Vida eterna y esto lo lograremos con la Eucaristía, con los Sacramentos, con la penitencia y la oración pero sobre todo con el Amor a los demás y la verdadera Caridad que es la Caridad de Jesucristo: " Amenese unos a otros como yo los he amado" Jn 15,12

Padre Francisco.

viernes, 1 de abril de 2011

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA CICLO A

REFLEXION:


EL CIEGO DE NACIMIENTO 




Faltan sólo tres semanas para la gran fiesta de la Pascua, y la Iglesia, que hace penitencia, ayuno y obras de misericordia, en este cuarto domingo de Cuaresma liturgicamente nos presenta una celebraciòn Eucarìstica menos sobria.

Nos acercamos a nuestra fiesta mas grande la fiesta de la Pascua del Señor. El evangelio de hoy está lleno de enseñanzas y nos habla del ciego de nacimiento. 


Al principio de la Iglesia, este evangelio se leía como catequesis que se hacía para prepara a los catecumenos, y es  un tiempo de preparaciòn para recibir el bautismo. Es una catequesis bautismal.

Vemos a Jesús haciendo barro con su saliva y poniendolo en  los ojos de aquel hombre que era ciego de nacimiento y le dice: " vé a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa “Enviado”). El ciego fue, se lavó y, cuando regresó, ya veía (Jn 9,7)



En este caso, Jesús no pide fe, para curar a esta persona, sino que es su bondad; los discípulos le preguntan: Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Fue por un pecado suyo o de sus padres? (Jn 9,2). La respuesta de Jesús es evidente: La causa de su ceguera no ha sido ni un pecado suyo ni de sus padres. Nació así para que el poder de Dios pueda manifestarse en él (Jn 9,3).




Las enfermedades no son siempre consecuencias del pecado; algunas veces, sí. ¿Quién puede afirmar que el sida, por ejemplo, no es, alguna vez, consecuencia del pecado? Todos conocemos la historia de Job, cargado de llagas y enfermedades, y la palabra de Dios nos dice que, en la tierra, no había nadie como él, entregado y recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1,8).




La mayoría de nosotros hemos recibido las aguas bautismales cuando éramos pequeños y no aportamos nada, sólo nuestra debilidad de niños pequeños. Todo lo puso Dios; todo fue gracia suya.

Y, desde entonces, a medida que fuimos creciendo, hemos adelantado en el camino de la vida; aquella luz que nos iluminó se ha ido haciendo cada vez mayor y se ha convertido en una luz capaz de hacernos descubrir el camino de Jesucristo, de hacernos amar el Evangelio, de enseñarnos a vivir como cristianos y poner nuestra confianza en el amor de Dios.


Pero no todos los bautizados reaccionan del mismo modo, como no reaccionaron del mismo modo, los judíos que vieron el milagro de la curación del ciego de nacimiento.

En este Evangelio descubrimos tambièn tres actitudes en los personajes: la farisaica, la de los papàs del ciego y la del propio ciego.




Los fariseos,  cierran los ojos y no aceptan de ninguna de las maneras, a Jesús. No sólo no lo aceptan, sino que lo ven como a un gran pecador, porque ha hecho una obra de misericordia en sábado. Es el pecado contra el Espíritu Santo. Cerrar los ojos para no ver la luz. Jesús dijo: Os digo que si no sois mejores que los maestros de la ley y los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mt 5,20).





Los papas del ciego, que al preguntarles si su hijo había nacido ciego y como era que ahora veía, contestaron con algo de picardía: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve no lo sabemos, ni sabemos quien le ha dado la vista. Preguntádselo a él; tiene edad suficiente para responder por sí mismo (Jn 9,20-21). Dicen que él ya es mayor de edad, que se lo pregunten a él, porque tenían miedo a los judíos y no se querían comprometer. También nosotros, en nuestra vida, a veces no nos queremos comprometer y disimulamos, y actuamos con cobardìa desde el punto de vista de la fe.




La reacción del ciego que, poco a poco pasa, de no saber quién era Jesús, a adorarlo. El ciego es dócil a la palabra del Señor. Hace lo que Jesús le dice. Va a la piscina y se lava, reconoce que Jesús es un profeta y que Dios no escucha a los pecadores, es testigo de la verdad, y en cierto sentido, es torturado, puesto que fue excluido de la sinagoga. Jesús lo ha curado corporalmente y espiritualmente. Ahora es un hombre que ve y que cree.

También, entre las personas del mundo y de nuestros cristianos, encontramos algunas que no han creído nunca o que han renegado de Jesús. Han perdido la fe y querrían que Jesús desapareciera. ¿Cuánta persecución religiosa existe actualmente para quitar a Jesucristo? Pero Jesús siempre triunfa. Nosotros somos testigos del triunfo del Cristo en las muchas persecuciones que ha tenido lo Iglesia. Y en esta tambien lo harà.




Algunos cristianos, como los padres del ciego, no quieren comprometerse y viven un cristianismo light. Admiran a Jesucristo y su mensaje, pero no están dispuestos a comprometerse.

El pecado no existe para ellos y ya no hablemos de ir a comulgar y confesarse. Ahora que se acerca la Semana santa, para muchos serán días libres, de vacaciones y no se acordarán de la pasión, muerte y resurrección del Señor.



Pero hay un gran grupo, que ama de verdad a Jesucristo, de estos hemos de ser nosotros, que, como el ciego, confesemos nuestra fe en Jesucristo, amarlo y adorarlo en nuestros hermanos, ya que murió por nuestros pecados; resucitaremos con Él en el gran día de la Pascua.



Una de las misiones de Jesús es iluminar y dar la vista a los ciegos. Que no seamos ciegos al Amor que nos ha manifestado el Padre en Jesucristo y que no seamos ciegos o nos hagamos ciegos por miedo al que diràn o por quedar bien con los que piensan que eliminar a Dios de nuestras vidas es lo correcto, que quitar los crucifijos pùblicos nos dignifica y los que creen que la tolerancia es la permisividad de lo que daña a las familias.




Nuestra oraciòn de hoy deben ser las palabras del ciego de Jericó: Señor, que vea (Lc 18, 41-42) Que Jesùs nos diga: "recobren la vista" porque su fe es grande.




Y recordemos que no hay peor ciego que el que no quiere ver.