lunes, 21 de febrero de 2011

LECTURAS DEL 8o. DOMINGO ORDINARIO CICLO A 27 DE FEBRERO DE 2011

"AUNQUE HUBIERA UNA MADRE QUE SE OLVIDARA, YO NUNCA ME OLVIDARÉ DE TI": DIOS.




"SÓLO EN DIOS HE PUESTO MI CONFIANZA"




"NO PUEDEN SERVIR USTEDES A DIOS Y AL DINERO"




"BUSQUEN PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y LO DEMÁS SE LES DARÁ POR AÑADIDURA"





ESTAS SON CUATRO FRASES DE LA PALABRA DE DIOS DE ESTE DOMINGO QUE NOS PUEDEN AYUDAR EN LA REFLEXIÓN DE NUESTRA VIDA Y DE CUALES SON NUESTRAS PRIORIDADES Y SEGURIDADES: DIOS O EL DINERO.


Primera Lectura


Lectura del libro del profeta Isaías (49, 14-15)






“Sión había dicho: ‘El Señor me ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido’. ¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas? Aunque hubiera una madre que se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti”, dice el Señor todopoderoso.


Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.



Salmo Responsorial Salmo 61





Sólo en Dios he puesto mi confianza.

Sólo en Dios he puesto mi confianza, porque de él vendrá el bien que espero. El es mi refugio y mi defensa, ya nada me inquietará.

Sólo en Dios he puesto mi confianza.

Sólo Dios es mi esperanza, mi confianza es el Señor: es mi baluarte y firmeza, es mi Dios y salvador.

Sólo en Dios he puesto mi confianza.

De Dios viene mi salvación y mi gloria; él es mi roca firme y mi refugio. Confía siempre en él, pueblo mío, y desahoga tu corazón en su presencia.

Sólo en Dios he puesto mi confianza.




Segunda Lectura


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (4, 1-5)





Hermanos: Procuren que todos nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.

Ahora bien, lo que se busca en un administrador es que sea fiel. Por eso, lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano; pues ni siquiera yo me juzgo a mí mismo. Es cierto que mi conciencia no me reprocha nada, pero no por eso he sido declarado inocente. El Señor es quien habrá de juzgarme. Por lo tanto, no juzguen antes de tiempo; esperen a que venga el Señor. Entonces él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas, pondrá al descubierto las intenciones del corazón y dará a cada uno la alabanza que merezca.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.



Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya.






La palabra de Dios es viva y eficaz y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.


Aleluya.


Evangelio



† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (6, 24-34)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo, en resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.


Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas?


¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?


¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?



No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones.



A cada día le bastan sus propios problemas”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.





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